El remarketing es una estrategia de publicidad digital que consiste en volver a mostrar anuncios a usuarios que ya han interactuado previamente con una marca, ya sea visitando su sitio web, añadiendo productos a un carrito de compra sin finalizar la transacción, o utilizando una aplicación móvil. El objetivo es recuperar el interés de esos usuarios y acompañarlos de nuevo hacia la conversión, aprovechando que ya conocen la marca y han mostrado cierto grado de intención.
En la práctica, los términos remarketing y retargeting se utilizan casi indistintamente dentro del sector del marketing digital, aunque con un origen ligeramente distinto: «remarketing» fue el término popularizado por Google Ads para describir esta técnica dentro de su ecosistema publicitario, mientras que «retargeting» es el término más habitual en plataformas como Meta Ads o en herramientas especializadas de terceros. A efectos prácticos, ambos describen exactamente el mismo mecanismo: volver a dirigirse a usuarios que ya han mostrado interés previo.
El remarketing se basa técnicamente en el uso de pixels de seguimiento o etiquetas instaladas en el sitio web, que permiten identificar a los usuarios que han realizado determinadas acciones y añadirlos a listas o audiencias específicas. A partir de esas listas, es posible mostrarles anuncios personalizados en distintas plataformas, como la red de display de Google, redes sociales o incluso a través de email marketing mediante campañas de recuperación de carritos abandonados.
Existen distintos tipos de remarketing según el nivel de segmentación aplicado: el remarketing estándar muestra anuncios genéricos a cualquier visitante previo del sitio; el remarketing dinámico personaliza el anuncio mostrando exactamente los productos que el usuario visualizó o añadió al carrito; y el remarketing por listas de email permite dirigirse a usuarios ya identificados en la base de datos de la empresa, independientemente de si han visitado recientemente el sitio web.
El remarketing suele generar tasas de CTR y de conversión más altas que la publicidad dirigida a audiencias completamente nuevas, ya que se dirige a usuarios que ya han mostrado interés real en el producto o servicio. Sin embargo, es importante controlar la frecuencia de exposición para evitar la fatiga publicitaria, un fenómeno en el que el usuario, al ver el mismo anuncio de forma repetida y excesiva, desarrolla una percepción negativa hacia la marca en lugar de sentirse animado a completar la compra.